domingo, 27 de noviembre de 2011

Los riesgos de no tener mamá y vivir en un barrio subnormal

niños en situación de riesgo

Rosi, morena acuerpada, cintura de avispa, trenzas largas en el pelo y mirada infantil, acaba de cumplir 15 años, pero ya conoce el camino del bien y del mal. No porque le haya pasado algo, sino por lo que ha visto en los demás.

En San Francisco, su barrio, ya ha cargado media docena de niños, hijos de sus compañeras de colegio producto de relaciones con jóvenes o adultos, algunos inmersos en el mundo de las pandillas, delincuencia y vicio.

Rosi desde lejos aparenta ser una mujer adulta y si alguien la observa por detrás se confunde aún más, por su cuerpo escultural y sus pronunciadas curvas. Pero cuando muestra su rostro, hasta el más despistado se encuentra con una niña.

Esta joven que cursa sexto grado de secundaria en una institución pública aledaña a su residencia perdió a su madre hace un año y tres meses, y se queda sola por más de medio día porque su padre debe salir a vender pescados y frutas en el mercado de Bazurto para conseguir el sustento diario. Ella se queda sola porque su hermana de 17 años sale a acompañar a su padre y sus otros dos hermanos van al colegio.

Aunque se ha mantenido incólume a las tentaciones y espera terminar sus estudios, las malas influencias la persiguen.

“Una vez una señora del barrio nos llevó a mi y a varias niñas de mi edad al centro de la ciudad y nos decía que si queríamos un helado, solo teníamos que pedírselo a los hombres mayores. Pero a mi no me pareció y convencí a mis amigas de que nos devolviéramos. Así lo hicimos, aunque la mujer se molestó”, cuenta Rosi con cierto dejo de tranquilidad.

Por ser alta y acuerpada, desde hace unos tres años, cuando aún no se había convertido en mujer, los hombres de su entorno no paran de enamorarla y de invitarla a fiestas. “Si me invitan y me dicen que en esos bailes es donde verdaderamente uno la pasa chévere, pero lo cierto es que mi padre no me deja ir. Debe ser porque mi mamá antes de que le descubrieran el cáncer se lo pidió”, comenta la joven de ojos vivaces.

Rosi es la más espigada de un grupo de 40 niños y adolescentes de los barrios San Francisco, La Paz y Santa Rita, que, como ella, se encuentran en riesgo de habitar las calles y hacen parte de un programa de protección que lidera la Alcaldía, a través de la Secretaría de Participación y Desarrollo Comunitario, y la Fundación Niños de Papel.

La niña de mirada inocente, que debe lavar, cocinar y planchar su ropa y la de su familia, quiere terminar la secundaria y algún día estudiar medicina para curar a muchas personas del cáncer y así evitar que mueran como su mamá. “Ella nos dejó solos y un dolor muy grande”, advierte.

A pesar de vivir en la pobreza extrema, Rosi espera salir adelante.

     
Los riesgos

Otra de las menores que participa en el programa de protección y quien acaba de cumplir los 16 años aduce sin tapujos que ya le han ofrecido drogas y que conoce de jóvenes que se han metido en ese mundo.

“Muchos roban y su mayor desafío es comprar un arma para defenderse. E incluso conozco de amigas que comienzan a tener relaciones sexuales a muy temprana edad. En el colegio nos han advertido de los peligros y en este programa también”, dijo.

Según Giovanna Correa López, funcionaria de la Secretaría de Participación y Desarrollo del área de Infancia y Juventud, a los 40 niños y adolescentes en situación de calle que hacen parte del programa se les ofrece una atención integral que consiste en brindarles atención psicosocial, en salud y recreación.

“En este proceso participan sus familiares más cercanos. Estos son niños que presentan un alto riesgo porque sus padres deben dejarlos solos para ir a trabajar. Nosotros brindamos asesoría a los padres con talleres sobre el maltrato, no al abuso y les advertimos sobre los riesgos de los menores. Entonces, los padres se apoyan en los vecinos para evitar que estos niños y niñas, algunos faltos de afectos, que habitan en barrios subnormales, tomen la decisión de irse a vivir a la calle”, dijo.

Estos menores, agrega, pasan mucho tiempo caminando las calles de su barrio porque sus padres no pueden estar con ellos todo el día, lo que los hace vulnerables.

La funcionaria precisó que la estrategia se implementa desde hace casi cuatro años, no solo en San Francisco, Santa Rita y La Paz, sino en otros sectores vulnerables. “Por eso, de acuerdo a las estadísticas solo hay 4 niños de Cartagena viviendo en las calles, lo que se constituye en un gran logro para la administración y el equipo de Participación y Desarrollo Comunitario”, dijo.

Los 40 menores participaron en una jornada integral de atención realizada en el Parque Espíritu del Manglar. Recibieron atención en salud, peluquería, atención odontológica y recreación dirigida por parte de un grupo de estudiantes de medicina voluntarios de la Universidad del Sinú; IDER, ESE Cartagena de Indias y Academia de Belleza Maxster Plus.



Un gran apoyo

Algunos de los familiares de los niños en riesgo de calle advierten que gracias a este programa sus hijos o parientes han mejorado en el colegio y se acercan más a su familia.

“Es un programa excelente que nos ha ayudado a mirar más hacia nuestros hogares y a cuidar a nuestros sobrinos, hijos o parientes. A ellos les brindan ayuda nutricional y recreación, algo que no tienen en el barrio”, dijo Katia Ferré, ama de casa.

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